Consejos para evitar las intoxicaciones alimentarias

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Una intoxicación alimentaria puede suceder en cualquier época del año. Sin embargo, en verano, es más habitual porque se sale más, se come más veces fuera de casa, se está de vacaciones, se viaja… y también está el calor y las altas temperaturas que afectan de forma negativa a algunos alimentos con los que hay que tener especial cuidado como es el caso del huevo por la salmonelosis. Las intoxicaciones alimentarias pueden prevenirse. ¿Qué puede hacerse? Aquí te damos diez claves que sí funcionan.

Los consejos

Lo primero es lavarse siempre bien las manos antes de tocar cualquier tipo de alimento. Este gesto siempre debe hacerse, pero en verano aún es más imprescindible porque se suelen concentrar más bacterias, microorganismos… por el sudor y por estar en contacto con otros escenarios que no forman parte de nuestro entorno habitual.

También es fundamental usar diferentes superficies y utensilios para preparar los alimentos crudos. En este sentido, hay que tener mucho cuidado con las tablas de cortar de madera porque no siempre se lavan bien y los microorganismos pueden quedarse almacenados en ellas. Hay que optar por utensilios que se puedan lavar perfectamente.

Por supuesto, no hay que olvidarse de limpiar las verduras. Es suficiente con sumergirlas en agua potable durante unos cinco minutos con unas gotas de lejía, que sea apta para el consumo alimentario. Luego hay que aclararlas bien.

Los pescados y mariscos también están en el punto de mira. Es conveniente congelarlos previamente por debajo de los 18 grados centígrados para evitar infecciones por anisakis, entre otras.

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Y mucho cuidado con el huevo, que es una de las principales causas de intoxicación alimentaria en verano. Siempre hay que utilizarlo pasteurizado para la elaboración de salsas como la mahonesa o bien para hacer tortillas.

La etiqueta de los alimentos siempre debe leerse y, en verano, mucho más. Es clave mirar las fechas de caducidad y, sobre todo, las condiciones de conservación y de utilización del producto.

A la hora de preparar los alimentos, siempre hay que asegurarse de que se emplea agua potable. Ante la duda, es mejor cocinar con el agua embotellada que se compra para beber.

Los alimentos deben cocinarse bien para evitar problemas. El secreto no es otro que el calor del fuego, que actúa como higienizante y, por lo tanto, destruye los microorganismos. A modo orientativo, hay que tener en cuenta que el centro de los alimentos debe llegar a los 70 grados centígrados.

Siempre hay que estar pendiente de la temperatura porque las bacterias necesitan vivir a 36 o 37 grados para reproducirse y sobrevivir. Así que mucho cuidado con las temperaturas de cocinado.

Y, una vez preparado el alimento, no hay que dejarlo a temperatura ambiente. En el caso de que no se consuman enseguida, siempre tiene que estar bajo la acción del frío o del calor con temperaturas de menos siete grados bajo cero o bien por encima de los 60 grados centígrados.

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