Colitis ulcerosa: cómo detectarla

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La colitis ulcerosa es más común de lo que inicialmente se piensa. Bajo esta denominación se encuentra una enfermedad inflamatoria intestinal, que suele estar generada por la inflamación de una parte del tubo digestivo. Normalmente, es una patología que es crónica y, por lo tanto, no tiene cura, aunque sí hay tratamientos que ayudan a que el paciente mejore y pueda llevar una vida normal.

Qué es la colitis ulcerosa

Muchas veces la colitis ulcerosa se confunde con una indigestión o gastroenteritis. Sin embargo, cuando estos episodios se convierten en más frecuentes es cuando hay que comenzar a pensar en que se puede padecer esta patología.

Esta enfermedad se produce cuando el revestimiento interno de los intestinos se inflama y ulcera por causas que, en general, no son conocidas. La afección, sobre todo, se concentra en la zona del colón y se suele localizar en el recto.

Es importante no confundir la colitis ulcerosa con la enfermedad del Crohn, que es también otro trastorno inflamatorio intestinal, pero cuya afección se centra en el intestino delgado y en algunas partes del intestino grueso.

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Síntomas

Como hemos comentado, muchas veces los síntomas de la colitis ulcerosa se confunden con los de una indigestión o gastroenteritis. Lo más habitual es tener diarrea y sentir una sensación de que no se ha evacuado todo tras ir al baño, así como la necesidad de ir a hacer deposiciones con frecuencia.

El dolor abdominal es otro de sus síntomas más claros, notándose que cierto alivio tras defecar, así como la fiebre, que aparece al principio del proceso y que puede llegar a superar los 40 grados centígrados.

La presencia de sangre en las heces es otra señal de que se puede padecer colitis ulcerosa, al igual que la pérdida de peso por la falta de apetito y el malestar generalizado. Todo ello se acompaña de otros síntomas como náuseas, vómitos, hinchazón abdominal o llagas en la boca, entre otros.

Tratamientos

Ante la aparición de estos síntomas, el médico hará las pruebas necesarias para diagnosticar la enfermedad y conocer el estado real del paciente para poder prescribir el tratamiento, que sobre todo se centrará en controlar los episodios o ataques y en prevenirlos.

En general, el tratamiento se realiza con paracetamol para el dolor y corticoesteroides cuando aparece el brote. En algunos casos, si los síntomas son graves, puede ser necesario el ingreso hospitalario o extirpar el colon. El paso por el quirófano solo se emplea cuando los síntomas son realmente muy graves o el paciente tiene posibilidades de tener cáncer de colon.

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